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La hija de Carolina de Mónaco despierta a la vida en sus vacaciones de verano en Ibiza.

Carlota Casiraghi: Había Una Vez, Una Princesita…

4 imágenes disponibles FOTOS 

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No tiene ningún título nobiliario, pero es heredera de la belleza de su madre.

SU abuela fue la princesa trágica, su madre la princesa desdichada y su tía la princesa rebelde. A ella le quedaban pocas etiquetas por usar. Por eso Carlota de Mónaco no podía ser otra que “la bella”. Mientras algunos creen ver en ella a la reencarnación morena de Grace Kelly, otros juegan a encontrarle las cinco diferencias a su foto y a la de una joven y todavía feliz Carolina casándose renovada de esperanza con Stéfano Casiraghi y, desde luego, nunca faltan los que la ven como una Stefanía pero sin músculos en los brazos.

Como sea, queda claro que Charlotte Marie Pomeline Casiraghi Grimaldi ha heredado la belleza de las mujeres de su estirpe –una belleza que duele y que quizá mezcla el glamour de Grace, la dulzura de Carolina y la sensualidad de Stefanía– pero no sus desventuras. Al menos hasta el momento. Desde sus primeras apariciones públicas, Carlota ha dado muestras de concentrar todo lo bonito, lozano e incorrupto del clan del finado Rainiero. La pregunta es cómo se hace.

A sus 21 años recién cumplidos, la única princesa de Mónaco sin título nobiliario (Carolina quiso librar a sus hijos de ese karma) ha crecido marcada por las posibles amenazas que evoca su segundo apellido. La fatalidad y el mal ejemplo han sido sombras malignas persiguiendo su joven existencia y, sin embargo, nunca han conseguido alcanzarla. A los cuatro años perdió a su padre y vio a su madre hundirse en la depresión y el desaliento. Fue aislada junto a sus hermanos en la vieja casa de los Grimaldi en la Provenza francesa y allí, pensando en protegerlos de los peligros externos, la herida de Carolina se volvió una gruesa costra alrededor de sus hijos. Entre los muros de amor de Carolina, la hija de la malograda pareja floreció, decidió acabar con su injusto anonimato y salió a la superficie montada sobre uno de sus caballos.

Vestida íntegramente de amazona y sosteniendo alguna copa ganada con un carísimo caballo, Carlota comenzaba a llamar la atención de las revistas del corazón, que notaban el magnífico potencial de la pequeña Casiraghi para hacerse pedazos. Al menor descuido, se les ocurría que la adolescente estaba embarazada y que Carolina yacía en su castillo al borde de la demencia, avergonzada de su pasado distendido y del de su hermana, dándose golpes en el pecho y temiendo que su pequeña acabara procreando con guardaespaldas, domadores de elefantes o algo por el estilo. Los medios se frotaban las manos imaginando portadas con el rostro magullado de aquella vulnerable chiquilla, mientras esperaban que no pudiera evitar el eterno retorno. Pero pudo.

Mientras su padrastro y apoderado, Ernesto de Hannover, y su hermano mayor Andrea se emborrachan y arman broncas ahí donde vayan, la bella del principado parece estar decidida a no rebelarse contra nada, para único consuelo de la agotada Carolina. Entre tanta oveja descarriada, de vez en cuando aparece una ovejita que no se despega del redil. Esa es Carlota, alguien que ha superado la adolescencia más rápido que todas sus antecesoras juntas, que no ha necesitado ser una enfant terrible para su familia ni provocadora con los medios para llamar la atención. Que se siente bien con sus novios, sus trapos y sus yates, sin dramatismo. Con los cinco idiomas que maneja a la perfección, sus estudios de filosofía que la hacen una princesa con tufillo intelectual, con su casa en medio de los Campos Elíseos en París. Con sus vacaciones tranquilas y sus amigos ricos. Con sus caballos pura sangre y su reino diminuto.

“Princesa de Europa”, así se le conoció a Carolina durante años y ahora el mismo título honorífico ha recaído en Carlota. Aunque ya se pintaba los labios antes de abandonar los pañales y pese a ser la encarnación del estilo hippie chic, ahijada del modisto Kart Lagerfeld (quien le confeccionó su primer vestido de gala) e incondicional de los jeans de Versace y los conjuntos de Channel o Valentino, siempre acompañados de algún accesorio excéntrico como la chompita de la abuela o un abrigo de segunda mano, la segunda hija de Carolina es por encima de todo una belleza natural y una mujer de actitud recatada. Su estética le iba de perilla a su esencia de adulta contemporánea precoz, a una vida sentimental relajada y estable, sin sobresaltos, muy distinta a la de sus mentoras. Quedaba claro que lejos de meterse con playboys, lo suyo eran los chicos platudos y de preferencia nobles.

Así, nadie esperaba un giro en esta historia.

Belleza y millones: genial

Pero ahora todo Mónaco tiembla ante la posibilidad de perder a su princesa sensata y volver a la era inaugurada por su madre y su tía. La joven ha cambiado de novio, ha cambiado Capri por Ibiza como lugar de veraneo, y a sus amigos por su arrebatado hermano. En suma: la princesa monegasca corre el riesgo de arruinarse.

Cada verano, las revistas sobre celebridades eligen los romances más calientes del verano. Sin duda una de las parejas más votadas de este agosto en las playas europeas ha sido la formada por Carlota Casiraghi y su actual novio Alex Dellal, un modelo británico de padre iraní y madre brasileña (multimillonario y belleza despampanante, respectivamente), al que todos observan con preocupación. Siempre con la mirada en el suelo y su estilo de hip hopero yuppie, el moreno pretendiente se las trae.

No es la primera vez que nuestra heroína y décimo puesto entre las mujeres más apetecibles de Europa, según la revista inglesa FHM, se relaciona con un joven heredero. Pero esta vez no hablamos de herencias nobiliarias sino de herencias billonarias, que es la última moda entre la realeza. Se acabaron los tiempos en que las princesas se enrollaban con plebeyos para molestar a papá. De Alex se sabe que además de millonario, es a sus 25 años, un vividor con un currículo sentimental fuera de serie.

Definitivamente debe pasar al libro de los Récord Guinness por haber sido novio de la mayor cantidad de hijas de los Rolling Stone. En efecto, el adinerado joven ha estado con Elizabeth Jagger, hija de Mick Jagger, y Leah Wood, primogénita de Ronnie Wood. Y como todo queda siempre en familia, resulta que Andrea, el hermano de Carlota, sale con Alice Dellal, la hermana de Alex. En suma, si este cuarteto va en serio, Carlota sería a la vez mujer y cuñada de su pareja.

El 3 de agosto pasado, este alegre grupete celebró los 21 años de Carlota bebiendo champán arriba de una nave sobre el mar de Ibiza. Los medios españoles han calificado de “juveniles y alocadas” a las noches de Carlota y hablan del “refugio pecaminoso de Carlota y su novio”.

Los sueños de Carolina otra vez parecen quedar atrapados entre las telarañas del destino. Y pensar que algún día imaginaron a la pequeña Charlotte casándose con el príncipe William de Inglaterra. La niña de sus ojos, aquella que parecía ser la única con los pies en la tierra de su entorno, comienza a ser divertida para nosotros. (Gabriela Wiener)

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