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11/Oct/2007
 
 
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A los 37 años sigue en carrera. Es la imagen del champán Dom Perignon y de Chanel.

Claudia Schiffer: Yo, Claudia

5 imágenes disponibles FOTOS 

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Hace unos años una nueva raza de mujeres llegó para conquistar la tierra. Las alienígenas, fácilmente reconocibles por sus dimensiones perfectas y sus alargadas cuentas bancarias, se reprodujeron rápidamente a través de revistas y catálogos, triunfando donde antes habían fracasado dictadores, zares de la comunicación, artistas, locos. Se llamaban a sí mismas top models y su objetivo era dominar el mundo.

Lo lograron. Durante más de una década Claudia Schiffer, Cindy Crawford, Linda Evangelista, Elle Mc pherson y Naomi Campbell invadieron la imaginación de los habitantes del planeta a finales de los ochenta e instauraron la dictadura de la moda, el canon mundial de la belleza, la tiranía de la estética. Con lo único que no pudieron fue con el paso inexorable del tiempo, sus poderes fueron mermando a medida que pasaron los años y cuando trataron de emigrar fuera de las pasarelas y el papel couché –el cine, los negocios con grandes restaurantes, la tele– el mundo finalmente conoció su punto débil. Esplendentes y efímeras como auroras boreales, las top sólo podían sobrevivir en su hábitat natural. Para finales de los noventa las reinas del mundo estaban en franca decadencia y con el nuevo milenio se habían extinguido. O eso pensábamos.

Efecto Mariposa

Si Claudia Schiffer agitaba sus alas en Milán, cientos de adolescentes cambiaban de look en Tokio. La influencia que alcanzaron las diosas de la moda en la década de los noventa es difícilmente mesurable. Musas de pesos pesados como Karl Lagerfeld o Gianni Versace, cada paso que daban sobre la pasarela era cotizado en miles de dólares. Y de todas ellas, Claudia fue la número uno, la más popular, la indiscutible soberana. Ha posado para más de 800 portadas y fue la primera modelo que apareció en la portada de la Rolling Stone por méritos propios. Decían, dicen, que Claudia además de una belleza muy parecida a la de Brigitte Bardot, posee un don especial que algunos llaman ángel y otros simplemente fotogenia.

Nacida en el seno de una familia católica alemana, y hermana mayor de tres Schiffer más, Claudia empezó su carrera de modelo en 1987, después de ser descubierta por un agente convenientemente llamado Michel Levanto que hizo honor a su apellido en un club nocturno de su natal Düsseldorf, donde Claudia celebraba su cumpleaños número 17. Pocas semanas más tarde Claudia ya aparecía en Elle y solo meses después posaba para Chanel, de la mano de su desde entonces mentor Karl Lagerfeld y convirtiéndose en la primera rubia en posar para la marca que tradicionalmente siempre se había decantado por las morenas. A principios de los años 90’s llegarían Guess y el mago David Copperfield cuyo mayor truco, se dice, no fue hacer desaparecer la estatua de la libertad sino hacer aparecer millones en su cuenta, gracias al sonado romance. Rumores, cosas de la envidia. La relación duró seis años y terminó dejando a la soltera más deseada del mundo, pues eso, soltera. La magia de la Schiffer fue sin embargo más poderosa que la de su ex y se mantuvo en primera línea durante varios años más hasta que le llegó el (verdadero) amor y la diosa pasó de reproducirse en revistas y anuncios publicitarios, a reproducirse de verdad: se casó con Matthew Vaughn, un productor y director de cine y se convirtió en madre. La extraterrestre se había vuelto humana, demasiado humana.

La Vampira de Düsseldorf

Cosas en contra de Claudia Schiffer: a. Calza 42, b. Le gusta Phill Collins, c. Colecciona insectos. Cosas a favor: a. Es Claudia Schiffer, b. Lee a Max Frisch, c. No bebe y no fuma. Cosas que usted no sabe sobre ella: ninguna. O casi: tal vez no sepa que la Schiffer además de los ojos también tiene sangre azul en sus venas. De hecho pudo haber sido condesa de Oxford, porque su suegro estaba en la línea de sucesión al título de Conde de Oxford y Mortimer, pero, ¡oh desgracia para la nobleza!, al maridito no le tocó nada en la línea de sucesión. Con lo bien que le hubiera venido el título de condesa a su blanquísima piel y su ahora espectral aspecto. Porque Claudia, dicen, tiene arrugas prematuras para sus 37 años. Además, luego de estar muy subida de peso –Lagerfeld dixit– se supone que ahora vuelve a estar muy flaca. Lo dicho, cosas de la envidia. Lo cierto es que ad portas de los cuarenta la Schiffer es todavía una de las mujeres más hermosas del mundo y amenaza con dar una lucha a muerte a las juventudes del oficio. Por si fuera poco acaba de afirmar que las top model nunca volverán y que la única que puede acercarse remotamente a lo que hicieron ella y sus contemporáneas es, sí, Gisele Bundchen. “Convertirse en una supermodelo –ha declarado recientemente– significa estar en las portadas de todo el mundo al mismo tiempo. Así la gente comienza a reconocerte. Eso no ocurre con las chicas de ahora, porque la industria de la publicidad elige a muchas actrices y cantantes. Las supermodelos, como las de los 90’s, dejaron de existir”. Autoridad no le falta para hablar así. La Schiffer, con sus dientes de coneja de la suerte, es hoy por hoy la imagen de la campaña publicitaria de una conocida marca de champán y ha vuelto a ser imagen de Chanel cuando sus otrora colegas piensan ya en planes de jubilación. Y aunque admite que no volvería a las pasarelas como antaño, su vida parece rodeada de más glamour que nunca. En el reciente estreno de Stardust, el segundo filme de su marido, organizó una fiesta en la que se dieron cita más de 250 personas, entre ellos muchos de los protagonistas de la cinta como Robert de Niro, Ian McKellen o Peter O’Toole, tótems de la pantalla grande en el besamanos de la teutona más célebre del mundo. Es lo que tiene por haber venido del cielo. (Gabriela Wiener)

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