Verdaderas Mentiras
Viernes 4. Alberto Fujimori está sentado ante un escritorio, a pocos pasos de donde me encuentro. La última vez que lo tuve delante fue hace más de 15 años, sentado ante otro escritorio, con el poder dictatorial en sus manos, en la primera conferencia con la prensa extranjera después de perpetrado el golpe de Estado del 5 de abril de 1992. Preso ahora, responde como acusado sobre lo que hizo entonces.
Al entrar a la sala, Fujimori me lanza una mirada que, como no leo ideogramas, no intento descifrar. Lo observo a mi vez con curiosidad. Está arrugado, como lo muestran las fotos y vídeos. Pero además lo veo crispado, encogido sobre su coartada. Me hace pensar en un boxeador que se refugia en su guardia tratando de protegerse hasta que lo salve la campana. Fujimori, lo veo, concentra ahora toda su energía en eludir la prueba.
Ante la corte que lo juzga, Fujimori se pinta a sí mismo como un intonso superlativo, que no leía revistas y no recordaba los periódicos, que no sabía lo que pasaba en el país y no se enteraba siquiera de lo que sucedía a algunos metros de su dormitorio. Que podían secuestrar a gente a pocos pasos de donde dormía y él no se percataba. Que entregaba toda su confianza y el manejo de la parte más importante del Estado: la seguridad, inteligencia y fuerzas armadas, a una persona a la que acababa de conocer –Montesinos–, cuya trayectoria, pasado lejano, inmediato y presente no se preocupó por averiguar; que un grupo operativo especial, acantonado donde él vivía y despachaba: el Colina, salía a matar y, a veces, a secuestrar, y él tampoco nada sabía.
En esta ocasión, luego de mi testimonio, Fujimori añadió nuevas ignorancias supuestas:
- Se ratificó en no haber sabido de mi secuestro hasta el momento en que me paré en la conferencia de prensa en Palacio, el 8 o 9 de abril de 1992, para, entre otras cosas, increpárselo;
- Dijo no haber sabido que Montesinos estuvo involucrado en el caso Villa Coca como estratega legal de la organización de Reynaldo Rodríguez López;
- Afirmó no haber conocido que, para hacerlo, Montesinos manipuló al entonces fiscal de la Nación, Hugo Denegri, ni tampoco que aprovechó esa posición para organizar el encubrimiento de la masacre de Cayara;
- Sostuvo haber desconocido que el plan militar que aplicó en el golpe de Estado del 5 de abril es el que se hizo antes que él fuera candidato, desde 1988, para derrocar a Alan García, aunque el autor de la parte militar del plan, el general Valdivia Dueñas, hubiera sido también parte de la conspiración del 92.
Mientras lo escucho, pienso en lo desesperado de ese tipo de defensa. Porque además de poco digna, es ineficaz. Cada mentira levanta una cantidad abrumadora de pruebas que la desmienten. Veamos algunas de ellas.
Que no sabía quién era Montesinos. Que desconocía su prontuario:
1. Luego de ser elegido presidente, Montesinos asustó a Fujimori y se lo llevó al Círculo Militar, logrando de paso que el entonces jefe del SIN, general Edwin Díaz, consiguiera que dejen entrar a Montesinos a esa dependencia militar. Hasta entonces tenía prohibido el ingreso a cualquier local del Ejército.
2. El entonces comandante general del Ejército, general EP Jorge Zegarra Delgado (a quien llamaban “el chino” Zegarra), ordenó a su jefe del SIE, el coronel EP Rafael Córdova, que compilara la información existente sobre Montesinos y se la hiciera llegar. Lo hizo de acuerdo con sus pares en el Comando Conjunto (el vicealmirante AP Alfonso Panizo y el teniente general FAP Germán Vucetich). El objetivo fue alcanzarle la información a Fujimori.
3. El dossier que armó Córdova no contenía toda la información importante, pero lo que había era más que suficiente para ordenar, por lo menos, una investigación independiente. Fujimori recibió la información (igual que “cucharita” Díaz y el futuro ministro de Defensa, Jorge Torres Aciego), pero no hizo nada.
4. En lugar de eso, se sacó a Panizo de la comandancia general de la Marina, se removió a varios cargos en el Ejército, y el “chino” Zegarra recibió la orden de pasar al retiro al coronel Córdova. Zegarra, en lo que fue la primera de muchas capitulaciones militares, aceptó todo lo que le pidieron, en lugar de demandar su pase al retiro, que fue el paso que dio Panizo.
5. Pero el entonces primer vicepresidente de la República y presidente del Senado, Máximo San Román, también recibió el informe de Córdova y se lo entregó a Fujimori alrededor del 15 de agosto de 1990. “En por lo menos cuatro oportunidades hablé con Fujimori sobre Montesinos entre agosto de 1990 y abril de 1991”, dice San Román. “Las dos primeras veces me dijo que iba a ver... luego me dijo ‘di que es mi asesor personal y nadie tiene que ver con él’... Ahí comprendí que no había nada que hacer”.
6. En noviembre de 1990, el entonces presidente del Banco Central de Reserva, Jorge Chávez Álvarez, pidió hablar a solas con Fujimori, fuera de su oficina. Salieron a uno de los patios de Palacio, y ahí Chávez Álvarez le entregó el dossier de Córdova, con algunos agregados hechos por Francisco Loayza, y le habló sobre el peligro que significaba Montesinos para el país, para el régimen y para Fujimori. Este miró por arriba el informe, y le dijo: “son habladurías. No es tu tema. No te metas”.
7. Un mes antes, en octubre de 1990, Fujimori invitó a Chávez Álvarez a almorzar a Palacio y le habló ahí sobre la necesidad de asegurar el gobierno por los próximos 30 años.
Que no leía Caretas
1. La propia Caretas 1165 informó el 24 de junio de 1991 que “en entrevista concedida la semana antepasada a un semanario extranjero que le preguntó sobre Vladimiro Montesinos, repuso (Fujimori) con cierto enojo que se trataba de “una campaña de Caretas, llena de falsedades. Montesinos no es mi asesor. No tiene ningún puesto en el gobierno, pero sí es mi abogado”.
Que no sabía sobre la actuación de Montesinos como narcoabogado
1. Un artículo en el Miami Herald del 30 de mayo de 1992, firmado por Sam Dillon (“El oscuro pasado del zar antidrogas de Perú”), informa que “Fujimori ha caracterizado las pasadas conexiones de Montesinos con el submundo del narcotráfico como los de un abogado defensor que ‘actuó de manera profesional’.”
Sobre desconocer los secuestros en el SIE
1. En la entrevista que le hice al general EP (r) Nicolás Hermoza, en la prisión de San Jorge en 2003, éste me confesó que firmó las órdenes de captura para los secuestros del cinco de abril de 1992, luego que Montesinos y Fujimori no quisieron hacerlo y le pidieron que las firmara;
2. En abril de 1992, Fujimori estaba alojado en el Pentagonito. Específicamente, en el SIE. Desde abril hasta julio durmió en la jefatura del SIE. Sólo desde mediados de julio de 1992 pasó a dormir dos noches en Palacio, una en el SIE y otra en el piso sexto de la comandancia general del Ejército, en el edificio principal del Pentagonito. Es decir, que estuvo siempre a pocos metros de los secuestrados.
3. Cuando, semanas después del golpe, el empresario Samuel Dyer fue capturado y recluido en el SIE, se encontró cara a cara con Fujimori, cuando lo conducían de un lado a otro del SIE. Al verlo, a menos de cinco metros, Dyer le gritó angustiado: “¡Señor presidente, me tienen secuestrado, ayúdeme!”. Fujimori no le contestó, volteó la cara y siguió caminando.