Trío
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Obra de E. Raborg en La Galería de San Isidro. |
EUGENIO RABORG presenta en La Galería la propuesta más contenida y a la vez más radical –dentro de sus parámetros– de un artista que ha ido variando desde lo óptico hasta algo que pudiéramos llamar derivado del pop geométrico. Con un destacado oficio puesto a disposición de formas que no me resultan de especial interés, siempre he apreciado su habilidad para la pintura y sobre todo el ingenio para el humor, de lo cual hizo gala en su exposición anterior en Artco. Pero después de 30 años de empecinamientos lo actual puede ser un periodo de replanteamientos que se aprecian en una muestra en la cual presenta escasos cuadros de formato poco convencional, donde destaca un alarde formal.
Sin embargo lo que captura el interés son las piezas tridimensionales debido a su ambigüedad, pues se trata de repisas colocadas sobre pedestal y a la vez con un marco sobre la pared, proponiendo de esta manera una problemática que elude definición alguna, pues pudieran considerarse esculturas, relieves o cuadros tridimensionales. Aquí radica lo mejor de la muestra, no tan sólo por el reto a la ortodoxia, sino también por las obras mismas, ya que hay piezas notables, particularmente la roja pasadizo que rememora a una Louise Nevelson neomoderna por la acumulación de patas de sillas o mesas provienentes de alguna fábrica o carpintería. La pieza de mármol blanco resulta inobjetable y sus reminiscencias a Brancusi podrían añadir una aureola vintage. Menos afortunadas son las obras en las que adopta un discurso paralelo al del extraordinario Alberto Patiño. Raborg es un pintor con capacidad para nuevos tipos de visiones, pero le falta la destreza necesaria para jugar a la verosimilitud con estas piezas de madera. Hay remembranzas de Tony Cragg, como ocurre con la acumulación de botellas de plástico, quizás la obra de mayor espiritualidad, porque estos envases colocados sobre vidrio han sido iluminados para dar prioridad a su sombra y este rastro inasible que hace de esta pieza la mejor obra expuesta. Posiblemente no tenga el carácter comercial que el mercado demanda, pero La Galería ha asumido el riesgo de exhibirla para así consolidar una propuesta que merece ser visitada.