
A 90 años de la muerte de Ricardo Palma, sigue la pregunta vigente: ¿qué porciones de realidad habitan sus relatos?
Trampas de Palma
La pregunta seguirá siendo obligada cuando se trate de explorar el universo de ese sacerdote de la prestidigitación cuyo nombre civil fue Manuel Ricardo Palma Soriano (1833-1919). ¿Qué porciones de realidad subsisten en esos textos que el célebre autor limeño reunió en las inmortales
Tradiciones peruanas? El mismo vocablo, “tradición”, debe de ser el motivo del gran equívoco en torno de este inmortal escritor, a quien se le responsabiliza haber perpetrado nuestra propia “Comedia humana”, en claves decididamente criollas y que bien pueden ser, hasta cierto punto, el espejo de la nacionalidad. La palabra en cuestión remite de inmediato a hechos concretos y verificables; lo cierto es que Palma parece haber tenido intenciones distintas.
Probablemente desde la aparición de la primera serie de narraciones cobijadas bajo ese rótulo, el mito se ha hecho más y más complejo. Pues no estamos ante episodios fidedignos de la vida colectiva desarrollada en este punto del planeta. Ese es el primer escollo por superar si deseamos comprender la trascendencia de un hombre que se codeó con los intelectuales y escritores más influyentes de su época.