
Un año de actuaciones benditas y publicaciones importantes que se va con primordiales temas pendientes.
Ángeles y Demonios del 2009
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Sobresalientes Paul Vega y Norma Martínez en Las Brujas de Salem, en La Plaza Isil. |
Mientras desde las tablas locales el aliento del demonio rozó a los espectadores con el montaje de
Las Brujas de Salem, el escenario libresco del 2009 también pareció por momentos ser víctima de ciertos hechizos diabólicos. Baste citar engendros como
Un Viaje a las Cucardas a cargo del indescriptible Víctor Shimabukuro, el infame
De Puño y Letra de Abimael Guzmán, o el placer culposo del año con la exitosísima versión impresa de
El Pez Weon. Del lado serio del asunto, dos entregas importantes de dos firmas grandes: Miguel Gutiérrez con su novela Confesiones de Tamara Fiol, una historia sobre la conquista de la libertad y el universo de las mujeres de Sendero; y Enrique Verástegui con su poemario
Teoría de los Cambios, donde el vate horazeriano hace su interpretación de la obra del matemático chino Ch’in Chiu-Shao. Precisamente, el 2009 fue prolífico en materia de Hora Zero, que celebró 40 años de formación con la publicación
Los Broches Mayores del Sonido, a cargo de Tulio Mora, quien además sumó páginas con el brevísimo poemario
Ángeles Detrás de la Lluvia. Por otro lado, Alfredo Bryce llegó con nuevos cuentos y su libro La Esposa del Rey de las Curvas; Mario Bellatin hizo lo propio con su novela breve Biografía Ilustrada de Mishima; Miguel Ildefonso presentó El Último Viaje de Camilo; Selenco Vega, Segunda Persona; y el siempre enigmático José Güich reapareció con su ficción fantástica y su alter ego Pablo Teruel en su primera novela, El Misterio de la Loma Amarilla. Además, tres plumas afincadas fuera del Perú también entregaron lo suyo: las novelas Summa Caligramática, de José de Piérola; Memorias de una Dama, de Santiago Roncagliolo, y La Paz de los Vencidos, de Jorge Eduardo Benavides, ganadora del Premio Novela Corta del BCR 2009.