miércoles 17 de septiembre de 2014
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2151

14/Oct/2010
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre Mar de FondoVER
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre PersonajesVER
Acceso libre EntrevistasVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Fe de ErratasVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Suplementos
Acceso libre UniversidadesVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2351
Otras Ediciones Anteriores
 
 

 

Inicio > Revista

La esposa del embajador de Brasil en Roma está en Lima, pone en tablas nueva obra en el CCPUCP y estrena nuevo oficio: diseñadora de interiores.

Erika Stockholm: Vida a la Italiana

10 imágenes disponibles FOTOS 

2151-ERIKA-01

PUNTA ROMA
En la residencia del embajador de Brasil en Roma: el Palacio de Panfili.


Sábado, once de la mañana. Si bien Erika Stockholm tiene nombre de sueca y está casada con el embajador de Brasil en Roma, no hay que dejar de lado que es una estupenda y talentosa loca peruana. Esta mañana se ha complicado en la preparación del capuchino que ha servido para la entrevista. El café se ha derramado sobre las hornillas y un ligero olor a quemado ha invadido la cocina. La autocrítica llega sola: “¡Soy un desastre, mira cómo he
dejado esto!”. El café no está nada mal, pero cambia de tema. Habla de una serie de cafeteras italianas que ha comenzado a coleccionar y que ahora adornan su departamento en el piso quince de un edificio en Miraflores.

Techos desordenados, una ruma de edificios y el mar lejano por la ventana es el escenario de esta conversación. Ella, esposa del embajador de Brasil en Italia, José Viegas, dista de la diplomática imagen de dama que representa a un país en el extranjero: zapatillas Converse rojas, polo estampado y blue jeans anchos. Un mechón de cabello cubre uno de sus ojos azules y con él la mitad del rostro. Con ese look un tanto misterioso y conversando de todo un poco, iniciamos la entrevista.

-Fuiste la pionera de los bloques de espectáculo en el país a finales de los 90, parecido a lo que hizo Johanna San Miguel y a lo que ahora hace Fiorella Rodríguez...
-Claro, esa etapa fue muy divertida. Me eligieron por un casting al que fui con una peluca desde el primer día porque tenía el pelo cortito. Y poco a poco fui quedando hasta la final. El último día el productor se me acerca y me dice: “Dime la verdad, ¿eso que tienes en la cabeza es una peluca, no?”. Y yo me la quité, era como si saliera del closet, jajaja.

-Y quedaste elegida.
-Sí, pero con la condición de dejarme crecer el pelo y pintármelo rubio. Lo hice a manera de protesta, porque si me elegían quería que me eligiesen por mi forma de ser y no por mi físico. Y con la peluca llegué a la final.

-Has hecho de todo un poco... Hoy escribes literatura infantil y eres diseñadora de interiores, pero antes has sido aeromoza de American Airlines, conductora de TV y hasta has leído las cartas. ¿Tienes algo de bruja?
-En realidad no. Lo de las cartas es anecdótico. Descubrí que en la biblioteca de mi colegio, el San Silvestre, había un libro de cartomancia y siempre lo sacaba para aprender. Años después, cuando trabajaba en la TV y eran impuntuales con los pagos, se me ocurrió hacer mis cachuelos leyendo cartas. Llegué a tener mucha clientela.

-¿Cómo recuerdas tus años escolares?
-Bastante solitaria, diría yo. Mi familia pertenecía a la sociedad media limeña. No vivíamos preocupados por el dinero pero tampoco teníamos un yate en Ancón. En vez de tener zapatos de una marca internacional, a mí me compraban zapatos Bata y en vez de tener colores importados yo llevaba mis crayolas Patito. Cuando los niños se dan cuenta de eso pueden ser muy crueles. Mi vida escolar en la primaria fue un poco solitaria.

-Convertirte en esposa de un embajador cambió tu vida. ¿Fue difícil adaptarte?
-No.

-Pero llevas un ritmo nómade, cambias de lugar cada cierto de tiempo.
-Bueno, eso sí fue difícil. La primera vez que tuve que salir del país con José, nos tocó ir a la Embajada de Brasil en Rusia. Tuve psicoterapia intensiva de una semana para hacerme a la idea que dejaba mi país para irme a las antípodas, en un lugar donde el idioma y el clima son completamente distintos. Estando allí pensaba que me iba a morir de frío, literalmente. Pero luego nos tocó ir a Madrid y ahora Italia, lugares donde la he pasado muy bien.

-Y tu hija, ¿se adapta? ¿Cuántos años tiene ahora?
-Ivana tiene quince años. Es una rebelde, una punk. Cuando nos fuimos a Rusia la llevamos con una amiguita para que tenga alguien con quien estar, que hable su idioma. Su amiga era la hija de mi nana y la llevamos con el permiso de sus padres. A las dos les hemos dado la misma educación, el mismo cariño.

-Cambiando de tema. No te asemejas a lo que uno se espera de la esposa de un embajador. No pareces ser protocolar, vistes informal, has sido actriz, presentadora de un bloque de espectáculos... Eres una embajadora sui géneris.
-Ser embajadora es algo fuera de lo común y no soy la única. Que quede claro algo, yo no soy solamente la esposa del embajador, sino también hago mis cosas, llevo una vida independiente de lo que hace José. Escribo literatura infantil, monto obras de teatro, en Madrid estudié diseño de interiores, ahora he sacado mi propia marca de muebles que se venden en Sierra, una fábrica de Brasil. ¡Tengo que ganarme los frejoles!

-¿Qué es lo más anecdótico que te ha pasado en tu vida diplomática?
-Cierta vez me llegó una invitación de Muammar al-Gaddafi, el líder político de Libia que cada vez que llega a Italia invita a damas de no menos de 1.75 de altura, de esbelta figura y bello rostro, a conferencias sobre el Corán para su conversión religiosa, previo casting, claro.

-¿Y fuiste?
-¡No, cómo va a ser! No puede haber nada más machista que eso. Además yo no encajaba con los requisitos que Gaddafi pedía, jajaja.

-¿Italia es un país machista?
-Mmm... prefiero no hablar de política, por diplomacia, tú sabes.

-Cuéntame sobre tu nueva faceta de diseñadora de muebles.
-Bueno, siempre me ha gustado la arquitectura. Pero cuando estuve en Madrid comencé a estudiar diseño de interiores. Mi vida allá fue una experiencia increíble. Si estudiaba arte y tenía que leer sobre los artistas en libros, prefería irme al Museo del Prado para verlos en vivo y en directo. Respiraba arte, como ahora en Roma.

-Ahora has venido a Lima para poner en tablas una obra que sale de uno de tus libros infantiles.
-Sí, ‘Albertina y las zapatillas de lana’, se estrena en el Centro Cultural de la Universidad Católica el sábado 16. Es una locura, porque no solo he escrito la obra, sino que con el grupo hemos hecho de todo un poco. Luego de esta entrevista, por ejemplo, me voy a Gamarra a comprar algunas cosas que faltan para el vestuario.

-Carro con chofer, mínimo.
-¡No!, en el Metropolitano. (Entrevista: Eduardo Cornejo)

Búsqueda | Mensaje | Revista