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Cultura:

El pintor croata Dare Dovidjenko nos sumerge en la penumbra de los colores de la noche.

Claridad Entre las Sombras

Un cuento de hadas en el que los personajes son las estructuras. Las figuras humanas son como sombras en la oscuridad envolvente de la tela. De lejos, las pinturas de Dare Dovidjenko parecen fotografías. Pasos de acercamiento. Ahora, el relieve del óleo contra el lienzo comienza a separarse del fondo y revela una textura exquisita. El formato de los cuadros contribuye al sentimiento de grandeza. Miden casi dos metros cada uno. Los elementos que retratan son aún más colosales.

En la exposición ‘M˘ARE-MISTER˘IUM’ en la Galería Lucía de la Puente, se podrán apreciar las fijaciones de Dovidjenko en su búsqueda por aquel surrealismo tenebroso que se burla de sí mismo. Esta vez, decidido a encontrarlo detrás de castillos y ciudades europeas de las que brota lo añejo. Y por qué no, detrás de las historias de aquellos que alguna vez habitaron en las paredes de aquellos monumentos vivos, y que ahora, en momentos de absoluta tristeza, plagan su imaginación.

Hace cuatro años que no expone en una galería. Si calculara, ese es el tiempo que le ha tomado recolectar el material necesario para esta. Antes, producía lo suficiente para mostrar su trabajo todos los años. Aunque en sus primeros años como artista no se habría permitido a sí mismo exponer hasta saber que había dado con la madurez pictórica.

Hoy, es como si su brazo solo pudiera extenderse hasta cierta distancia. Con precisión y verdadero conocimiento. Ahora quiere salir de la oscuridad. No hace mucho Dovidjenko asegura haber perdido algo muy preciado para él. Evento que lo llevó de regreso a Split, en Croacia. La ciudad mística que no habría sido tocada por el tiempo. Y que, además, lo vio nacer. Tiene más de 1700 años y aún sigue viva, alimentada de surrealismo. “Esa parte mística que sientes cuando muere una persona. Eso que te hace confundir la realidad con los sueños, ese es mi nuevo surrealismo”, asegura Dovidjenko, aún con ganas de ser cómico con su pintura, pero encontrándose sumergido en una nueva seriedad.

Sin embargo, uno a uno a través de los 14 cuadros en exposición se puede discernir una clara transición. De los colores sucios y aceitosos de la noche a los vibrantes reflejos del día en el agua. En sus pinturas, una piedra blanca como a plena luz del día puede llegar a confundirse con oro por el brillo pálido y amarillo que le da la noche. Narra la historia de una búsqueda por significado en la oscuridad. Por eso, al final de la muestra también llega el día. Y con él, la calma absoluta.

La muestra culmina con un video de la playa –Slot–. Este es el elemento purificador con el que Dovidjenko les agradece la visita a su mundo ensombrecido. Y, luego de una purga por el último elemento renovador, nos invita a dejarle el peso de sus demonios. Mientras tanto, él continuará con la búsqueda. (Alejandra Puente)


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